martes, 11 de noviembre de 2008


"La Habitación de Margarita" Paula U

EL CUERVO

En una lúgubre y fría medianoche de invierno, un hombre estaba en su cuarto embebido y medio dormido, cuando de repente sonó un leve golpe, el origen era la ventana de su cuarto, pero él creía que provenía de la puerta. Pensó que era un simple personaje que lo visitaba a deshora. Más tarde le vino a la cabeza el pensamiento de que podría estar llamando Leonora, su difunta amada, pero en poco tiempo se dio cuenta de que simplemente era el sonido del viento. Abrió la puerta y no vio nada más que la oscuridad de la cerrada noche. Mientras tanto, solo podía balbucear el nombre de su amada, aunque su única respuesta era su propio eco.



Al volver a su habitación, el ruido se repetía de forma constante y su intensidad iba en aumento, aunque él se autoconvencía de que era el viento. Volvió a la puerta y, al abrirla, le sorprendió un majestuoso cuervo volando por encima de su cabeza para posarse sobre el dintel de la puerta. El hombre le preguntó su nombre en la ribera de la Noche Plutónica, a lo que el cuervo contestó: "Nunca más". El hombre pensó que el cuervo le abandonaría al día siguiente, como hacían todos sus amigos y todas sus esperanzas. El cuervo se quedó totalmente quieto y volvió a decir "Nunca más".
El negro pájaro le hizo esbozar una sonrisa y él asintió y empezó a imaginar una fantasía tras otra, pensando lo que ese cuervo quería decir con:"Nunca más".

Quedó paralizado, mirando los ojos del cuervo que parecían brillar y llegarle hasta el fondo de su corazón. El hombre reposaba sentado, iluminado por una pequeña lámpara, pensando que ya jamás volvería a iluminar a su difunta amada.

Notó que el aire se volvía denso y perfumado. Le dijo al cuervo que era un miserable, que su dios le había concedido una tregua a los recuerdos de Leonora. Y el cuervo repitió de nuevo: “Nunca más". El hombre pensó que ese pájaro era un profeta, y le preguntó si había bálsamo en Galaad. Siguió pensando que era un profeta y le preguntó si en el edén podría tener en sus brazos a su amada Leonora. El extraño pájaro contestó "Nunca más".

El hombre le dijo al cuervo que se fuera, lo echó; y que lo dejara todo intacto, como si nunca hubiera venido. Pero el cuervo insistió y dijo: "Nunca más".

Y el pajáro de la ribera de la noche Plutónica todavía seguía intacto en el dintel de la puerta, con ojos de demonio.

El alma del hombre, no podría liberarse... nunca más.

VERSIÓN NARRATIVA DE "EL CUERVO" REALIZADA POR LOS ALUMNOS DE 4ESO DEL COLEGIO MONTSERRAT

lunes, 10 de noviembre de 2008

ENCANTAMIENTO

Óscar FDEZ

La Canción del Pirata
















Este cartel se realizó a partir de la elección de un poema romántico, la actividad consistía en plasmar lo que el poema representaba.
Cartel de Sònia C.

EL RASTRO

Era de noche. Seguía andando por los valles, en busca de ese rastro, de ese rastro que perseguía sin saber muy bien qué era.
Pero su esperanza y su instinto le decía que debía seguir por ese camino. Llevaba ya horas andando pero el cansancio no podía con él.
Continuaba andando por los valles, cada vez mas rápido, y sin saber porque, los pies se le aceleraban solos. Empezó a respirar cada vez mas fuerte y de repente...de repente vio una luz blanca amarillenta. Una luz que provenía de la lejanía y que no sabía que era, pero su instinto le decía que debía seguir hacia esa luz y así lo hizo., . Continuó andando por los valles verdes y al fin llegó a esa luz. Había un extenso lago, de agua cristalina, y en él se veía reflejada la luz de la luna.
Toni

domingo, 9 de noviembre de 2008

ERA DE NOCHE

CLARO DE LUNA

En una noche de invierno, gélida, de aquellas que se recuerdan toda la vida, un hombre de mediana estatura, de pelo largo y vestido de negro, se adentra como una pequeña silueta en medio de la ciudad,

Para la vista de alguien parecía como un diminuto ser en la noche, entre calles: estrechas, y mal olientes; comienza a lloviznar, de ese modo apretá el paso pero eso no le basta para su asombro, comienza a tronar,finalmente el hombre se detiene, entra en un caserón pero... El hombre deja escapar una mueca de asombro mezclada con gemidos en un aire tenebroso y gélido.

Las nubes tapan la luna de manera que solo dejar escapar una pequeña y escalada luz en la tiniebla de una sala en un viejo caserón, las ventanas reflejan una silueta postrada en el suelo en un charco de sangre, en ese momento suena un estruendo; de detrás de la puerta sale su agresor y se escapa.
Héctor

Ernesto

Boomp3.com

Expresión de Claro de Luna

Nos encontramos en una plaza, en la oscuridad, sólo hay un pequeño farol encendido, encima de la puerta de una pequeña casa, que está a una esquina de la plaza. En medio, hay una fuente que gotea poco a poco, y cada golpe que da al suelo cuando cae una gota resuena en toda la plaza como si tuviera que ser la primera y la última gota, como si luego no viniera otra, pero sin darte cuenta, cae otra, y otra después de la segunda y, al final te acostumbras, cómo si creara una melodía, pero que, en realidad no son más que sonidos sueltos que crean las gotas cuando caen al suelo.
De repente, vemos a una mujer, a la que sólo se le puede apreciar por su blanca tez dónde se marcan sus rasgos, en este momento de miedo, y es justo eso lo único que consigue iluminar el pequeño farol. Aunque, también, se puede ver más o menos su figura, es una mujer alta, delgada, parece que sujeta algo en la mano, fuerte, con inseguridad, aunque no se ve el qué.
La mujer, con cuidado pero con insistencia llama a la puerta que hay debajo de ese farol que la iluminaba, pero parece no haber nadie dentro de la casa ya que llama una vez y otra pero nadie le contesta. En ese momento brilla una gota en su mejilla ahora roja por el frío. Ahora ya no es miedo lo que expresa, es preocupación, desespero, frustración. Ya no le quedan fuerzas para nada, las ha perdido todas soñando y siendo optimista, imaginando, llamando a la puerta...
Lo único que consigue es deslizarse hacia abajo, poco a poco, con silencio hasta quedar arrinconada en el portal de esa casa, bajo la luz de ese farol... y, usando sus últimas fuerzas para abrazar a lo que llevaba entre los brazos, intentando protegerlo, cuidándolo. Probablemente, si cerraba los ojos, nunca más volvería a despertar, aunque la melodía de las gotas de agua la tranquilizaron hasta que, por fin, cerró los ojos, poco a poco, con miedo pero esta vez segura y con parsimonia.
Sònia